
Érase un lunes solitario y deprimente como cualquier otro lunes (o sea, hoy). Dieron las 2 de la tarde, y procedí a confeccionar la comida del día, antes de partir rumbo la universidad. El menú del día era el típico menú de un estudihambre norteamericano cualquiera:
hamburger helper à la Pépé; una pasta semi-preparada a la que solo le agregas agua, leche, carne y listo. Como buen chef plurigastronómico que soy, le di el toque especial de especies, un poco de cebolla y ajo, y luego vertí la leche. Un extraño olor se apoderó de mis fosas nasales. Un olor entre queso amargo y pies sucios. Vi la fecha de caducidad de la leche: 6 de abril.
- ~@#@@~|##$$!!! -fue mi sacrosanta respuesta instintiva- ya se venció la leche.
Más triste, más solitario, y más deprimido que antes, caminé cabisbajo de la cocina hacia mi cuarto, y vi que en el messenger estaba conectada cierta persona, que para guardar su identidad, la llamaré por su nombre real: Kala*.
-Kala, ¿si la leche tiene 4 días de vencida, ya está muy mala?- preguntéle.
-Si ya huele y sabe amargo sí- respondióme, y pensé: $"##@@@%%!!!!, tendré que tirar la comida a la basura.
¿Qué haré ahora? De pronto tuve una epifanía. Por mi atormentada mente pasó la imagen del spaghetti al ajo que hace mi madre.
-¿Sabes como se hace el spahgetti frito al ajo?- preguntéle. Dicho spaghetti se fríe con poco de crema, parmesano, especies y aceite de oliva, que absorbe el spaghetti y le da buen sabor.
- Sí -respondióme.
Y mientras iba y venía de la cocina a mi cuarto, entre pairos y derivas, siguiendo las instrucciones de la antes mencionada amiga, comencé a confeccionar el antes mencionado spaghetti. Pero, claro está, como buen chef plurigastronómico y creativo que soy, le puse un poco de mi cocecha: unos pocos champiñones al ajo fritos (con un poquito de chile serrano y tomate, nomás para darle sabor), y un poquitín de carne molida, así como diversas especies que ahora forman parte de la receta secreta y que por tanto no podré revelarles. En menos de media hora el spaghetti estaba listo. Tomé un tenedor, y lo probé. ¡Madre mía! ¡Qué spaghetti! Me llevó al tercer cielo pluri-multi-gastronómico. ¡Ni el mejor spaghetti al pomodoro e ciampignoni del Italianni's ni del Vittorio's (el restaurant favorito de Pedro que se encuentra frente al Palacio Municipal de Puebla), ni del Macaroni and Grill, ni del Spaghetti Warehouse, sabía tan bueno como éste! Fue toda una experiencia religiosa de la cual todavía no me he recuperado.
El spaghetti estaba tan bueno,
al dente, al estilo meditrráneo, que no podía acompañarse con la típica bebida estudiantil: agua de limón. Tenía que ser acompañado con un buen
cabernet sauvignon. Pero no he comprado vino desde el semestre pasado, y en el refrigerador sólo pude encontrar una coronita. Pues es mejor que agua de limón, y más cercano al vino en cuestión. Me senté, puse un poco de música clásica, y procedí a devorar el delicioso Spaghettinni Don Pepinni que había preparado con una chela bien helodias**.
No sé si es el efecto de la chela, y el spaghetti nomás estaba dos-tres, o si realmente era un manjar de dioses. Pero como guardé una ración para mi roomate (que no llega sino hasta en la noche), él les podrá decir cuando lo pruebe (si es que osa visitar este blog, y si osa escribir un comment) si realmente estuvo bueno, o nomás fue una alteración mental que me produjo tomar mucho mate con peperina de desayuno, un licuado de plátano de brunch, en combinación con la chela a la hora de la comida.
* Pongo su nombre real, Kala, porque se me hace tonto cuando los autores cambian los nombres de sus historias supuestamente para guradar la identidad de alguien en secreto; entonces en lugar de John le ponen Peter. En primera los que conocen al John sabrán que el Peter del que habla el autor es John, así de que nada sirivó cambiarle el nombre. Y a los que no lo conocen al John, les da lo mismo que se llame John, se llame Peter o se llame Jacinto, Hermenegildo o Epigmenio.
** chela bien helodias, para mis no-sé-si-lectores no mexicanos, es una expresión chilanga cuya traducción es: una cerveza bien fría.